¿Está bien pensar demasiado?

Updated: Feb 7, 2021

Hace un par de días una amiga me dijo: "Fancir, el problema es que piensas demasiado las cosas", esa fue su respuesta a mi queja de que sentía que no estaba avanzando todo lo que me gustaría en un área específica de mi vida.


Te confieso que al principio me sorprendí: "¿De cuando acá pensar demasiado es un problema?"... ¿No se supone que nos enseñan a analizar las ventajas y posibles inconvenientes de cualquier cosa en la que nos involucremos, antes de tomar cualquier decisión? Al menos así crecí yo. Pero ella me comentó que el problema no es analizar las cosas, sino "Pensar demasiado en ellas".


Resulta que a esta tendencia se le conoce en inglés como "overthinking" y se relaciona a la costumbre de revivir las conversaciones o pensar una y otra vez antes de tomar una decisión, hasta llegar al punto de preocuparse por situaciones hipotéticas.



Y esto no es algo nuevo, o que me pase solo a mi - o a ti -, es una tendencia obsesiva que se ha vuelto una especie de epidemia. Según un estudio de la Universidad de Michigan aproximadamente 7 de cada 10 adultos de entre 25 y 35 años pasan demasiado tiempo rumiando pensamientos obsesivos, mientras que 5 de cada 10 personas tienen hábitos similares, entre los 45 y 55 años de edad.

Un dato de este estudio con el que me sentí completamente identificada, es que las personas con esta propensión creen que se están haciendo un favor al pensar las cosas una y otra vez, ignorando que este hábito causa serias dificultades. Por jemplo:


Parálisis de Análisis. ¿Sabías que existía algo que se llama así? Rijatha Sinha Directora del Yale Stress Center, explica que: "Al obsesionarse con un pensamiento, tu mente crea tantas opciones, posibilidades y escenarios que te hace imposible tomar una decisión (...) Te puedes obsesionar con posibles escenarios que igual nunca llegan a suceder, simplemente preocupándote por posibles desenlaces, y eso puede paralizarte o impedirte actuar”, asegura Rijatha Sinha Directora del Yale Stress Center.

Pérdida de la creatividad. En un estudio británico se descubrió que pensar demasiado termina siendo un mal hábito mental que puede hacer que te quedes atascado o sin ideas, ni nuevas soluciones, creando obstáculos mentales que impiden usar la imaginación.


Baja del nivel de energía. El psicólogo Eric Spiegel, del Centro Terapéutico Attune, en Filadelfia, explica este fenómeno así: "cuando piensas demasiado y te estresas por ello, el organismo produce cortisol, la hormona del estrés. Con el tiempo, esa liberación constante de cortisol provoca agotamiento y desgaste (...) Es como conducir el coche llevando una marcha incorrecta. El motor seguirá trabajando, pero no llegarás muy lejos”.


¿Te suena familiar? "Un motor que trabaja incansablemente, pero que no llega a ninguna parte..." Ese es un riesgo que podemos correr si no identificamos la tendencia a pensar demasiado las cosas y recuperamos el control de nuestra mente y de nuestra vida.

Toma el control.


Lo primero es identificar si realmente tus pensamientos se están saliendo de tus manos. ¿Cómo? Hay un truquito: Fíjate si estás pensando en más de tres escenarios hipotéticos alrededor de una situación, si es así, estás dándole demasiadas vueltas a ese asunto, es decir estas "overthinking", si así en Spanglish!

Una vez que te das cuenta que tienes este hábito, los expertos recomiendan ponerse en movimiento:


Buscar una forma de distraerte usando tu cuerpo, para liberar tus sistemas cognitivos. En este caso correr, ir al gimnasio, montar bicicleta, sacar a pasear los niños o las mascotas o incluso hacer yoga, ayudan muchísimo.


Practicar la respiración diafragmática, un tipo de respiración relajante que usa el diafragma, músculo que se encuentra debajo de las costillas y arriba del estómago. Ayuda a reducir el ritmo cardíaco, a ralentizar la respiración y a recuperar la conciencia de tu propio cuerpo, lo que, además, aclarará la mente.




También puedes iniciar un registro de preocupaciones: 20 minutos antes de dormir, escribe a mano una lista con todo lo que te preocupa o lo que tienes que hacer, esto surte un efecto en tu cerebro que te ayuda a salir de la espiral del proceso, verlo en perspectiva y enfocarte en buscar soluciones, especialmente si te esfuerzas en mantener el enfoque y no desistir hasta completar cada tarea.

Hablar con un terapeuta o un buen amigo también ayuda, pues te pueden mostrar una perspectiva diferente, quizás descubras que algo que parecía terrible o muy complejo realmente no lo era, solo estaba envuelto en un embrollo de preocupaciones.


¿Será sencillo dejar de actuar de esta manera? No lo sabrás si no lo intentas. Pon en práctica algunos de estos consejos y cuéntame cual te funcionó, o si hay otro que te haya dado un mejor resultado. Estaré encantada de leerte y ponerlo en práctica.


Hasta la próxima entrada.

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